Concierto Teatro Tivoli 1969





Video Concierto completo
Este concierto fue la presentación en Barcelona de su disco Dedicado a Antonio Machado.
Con el tiempo se convertiría en uno de sus conciertos mas recordados.
Al cierre de la primera parte y antes de iniciar la segunda dedicada a las canciones del disco de Antonio Machado, Serrat obsequió a su público con una primicia, su versión de “La taverna d’en Mallol”, un precioso tema del poeta Apel.les Mestres con el que quiso celebrabar los 50 años del Teatro barcelonés.
Así pués el audio y video que completa este post es una autentica joya a conservar.

Homenaje a Joan Manuel Serrat: Homenaje de Catalunya


40 Cançons per a un amic. 40 canciones para un amigo.

Cuarenta solistas y grupos publican el triple CD “Per al meu amic…Serrat”
Tras comprobar el éxito y la excelente aceptación del disco homenaje Cuba le canta a Serrat, la discográfica barcelonesa DiscMedi pone en circulación hoy la continuación más lógica; el también homenaje que le rinden sus colegas de profesión autóctonos, en número e intenciones realmente espectaculares. Porque detrás del genérico título de Per al meu amic…Serrat, cuarenta solistas y grupos afincados en lo que se podría denominar área de expresión catalana se han volcado de forma generosa en la relectura de lo más granado del repertorio serratiano.

En un proyecto coordinado de nuevo a nivel musical por Joan Surribas, el plantel de estrellas ha procurado abarcar desde la gran popularidad (Sergio Dalma, Nina) al territorio indie (Raül Fernández) pasando por algunos clásicos de la cançó (Maria del Mar Bonet) o músicos admiradores (Carles Benavent).

Existía una única condición metodológica previa: trabajar sobre canciones compuestas por Serrat en catalán e interpretadas en idéntico idioma, excepción hecha de cuatro piezas reconvertidas en simplemente instrumentales dadas las características de los músicos (Ricard Miralles, Josep Mas Kitflus y Carles Benavent, Pascal Comelade y Tete Montoliu).


Señal inequívoca del interés que despertó en su momento, hará algo más de un año, esta propuesta invitación entre la profesión es que todos aquellos que ya poseían en su repertorio grabado algún tema del Noi del Poble Sec optaron por una versión ad hoc, puesta al día, decisión que cabe valorar no ya de coherente sino de beneficiosa para todos. Con la excepción obvia del pianista Tete Montoliu, fallecido en 1997.

Lo interesante de este esfuerzo es la inesperada fidelidad que la mayoría de los artistas han mantenido con su propio vocabulario a la hora de afrontar un reto no necesariamente sencillo.

Como es natural, el resultado musical está directamente relacionado con los gustos de cada uno de los oyentes, pero hay tres aspectos que brillan con luz propia dentro de este macroálbum: las muy recomendables versiones que firman aquellos nombres aparentemente más alejados de la órbita serratiana (el maestro juguetero Pascal Comelade, el ubicuo Raül Fernández en los grupos Immigrasons y Refree, Glissando*, ex ex-Elefantes Shuarma, Marc Parrot, o los mallorquines Antònia Font, con ese sandunguero Kubala con el que se abre el homenaje); en segundo lugar, la atención e indudable esfuerzo desarrollado por todos ellos por dotar de excelencia vocal al proyecto, lo que otorga unidad orgánica, junto a la sensibilidad de las letras, a los tres discos: por ejemplo y como era previsible, la incursión de Pau Riba es peculiar (Balada per a un trobador) pero su voz sigue siendo extraordinaria, como la del resto de intérpretes considerados como clásicos; y, en tercer lugar, la conocida adaptabilidad melódida y armónica del cancionero de Serrat no ya para con los aires meridionales y mestizos (tremendos sus compadres Peret y Sabor de Gràcia, pero igual de tremendas Miquela Lladó o Névoa), sino con los roqueros de diverso calibre (Cris Juanico, Sala-Clua).

Como ya destacó en su momento Àlex Eslava, director de DiscMedi, la participación de tan numeroso plantes -“Donde al final hubo que cerrar las puertas porque había overbooking”- se ha basado en “la amistad y la admiración” para con el autor de Mediterráneo, por cierto, la canción más importante del pop-rock español según un panel de 200 profesionales convocados por la revista Rolling Stone. Eslava recuerda, entre muchas, las anécdotas de la grabación casi clandestina del pianista Ricard Miralles de Vells amants (Miralles es pieza angular de la actual gira 100×100 Serrat), de la reunificación por sólo unas sesiones de Los Manolos al completo para enhebrar Barcelona i jo, de esa La tieta que recita Joan Isaac tras superar sustos cardiacos propios, o del rescate del entrañable Pere Tàpies y su voz lijosa para la música a través del tema Saps.

Y como colofón de este sostenido -e indudablemente rentable- poder de atracción que imana el cantante barcelonés, ya se está grabando la segunda parte de aquel Cuba le canta a Serrat que se mencionaba al principio de estas líneas.
Con las manos en la masa ya se encuentran, según las mismas fuentes de la compañía discográfica catalana, Cachaíto López, Los Van Van, Elíades Ochoa, La Vieja Trova Santiaguera, Vicente Feliu (Mediterráneo), Carlos Varela (Cada loco con su tema), Equis Alfonso (La saeta), Buena Fe (Disculpe el señor), Amaury Pérez (Es caprichoso el azar), Orquesta Femenina Anacona (Esos locos bajitos) o Síntesis (Nanas de la cebolla).

En la televisión de Catalunya, disfrutamos de pequeño homenaje en vivo.
Sabor de Gracia canta a Serrat. “Ara que tinc vint anys”

LOS PARTICIPANTES Y LOS TEMAS ELEGIDOS
PERSPECTIVA INDIE


Antònia Font: Kubala
Cris Juanico: Com ho fa el vent
Glissando*: De mica en mica
Marc Parrot: És quan dormo que hi veig clar
Miqui Puig i Arbre de Cabra: Conillet de vellut
Refree: La primera
Shuarma: Cremant núvols

RUMBA/FLAMENCO

Peret: Me´n vaig a peu
Sabor de Gràcia: Ara que tinc vint anys
Ginesa Ortega: Temps de pluja
Miguel Poveda: El meu carrer
Los Manolos: Barcelona i jo

INSTRUMENTALES

Kitflus & Benavent: Plou al cor
Pascal Comelade: Cançó de bressol
Tete Montoliu: Paraules d´amor
Ricard Miralles: Els vells amants, Com ho fa el vent

CLÁSICOS

Núria Feliu: Sota un cirerer florit
Falsterbo Marí: Cançó de matinada
Maria del Mar Bonet: Rosa de l´adéu
Pere Tàpies: Saps
Marina Rossell: Pare
Joan Isaac: La tieta
Uc: Bon dia
Miquel Gil: El drapaire
Pau Riba+Mortimers: Balada per a un trobador
Sisa: Per què la gent s´avorreix tant
Dyango: Paraules d´amor
Moncho: Això que en diuen estar enamorat

VARIOS

Jofre Bardagí: Helena
Miquela Lladó: Me´n vaig a peu
Monica Green: Seria fantàstic
Sergio Dalma: Ja téns l´amor
Santi Arisa: La vell
Rosa Zaragoza: Res no és mesquí
Cap Pela: Plany al mar
Nina: Fins que cal dir-se adéu
Névoa: Cançó de l´amor petit
Big Mama: Per al meu amic
Pep Sala i Ia Clua: Vaig com les aus

Nuria Roca. Decir Serrat


Nuria Roca
Periodista y presentadora de radio y tv. Valenciana.

De todos los personajes populares que he entrevistado durante tantos años en mis programas de tv el que mas me impactó fue Serrat, desde entonces estoy prendada de él y sueño con cantar un día a dúo.

Serrat, trovador contemporáneo (Vogue.2008)


Antes que nada, Joan Manuel Serrat es un hombre modesto, amable, y adecuadamente dispuesto a responder preguntas que no siempre son afortunadas. Si tuviera que resaltar algo sería quizás en relación con su postura ante la vida, algo en correspondencia con su coherencia de comportamiento en situaciones que le han obligado a renunciar a muchas cosas, pero también a conseguir otras.

-Soy un hombre muy práctico gracias a mi instinto -nos dice Serrat-. Me muevo más por el corazón que por el cerebro, ¡seguro! Yo estudié el bachillerato en la Universidad Laboral de Tarragona, y luego Ingeniería Agrícola en Barcelona, pero no ejerce pues me he dedicado exclusivamente a mi música.

-¿Cómo se definiría a sí mismo?

-Como un hombre que busca relatar historias a través de la música. Hago música para cantar historias lo más colectivas posibles. Soy partidario de la utopía, en el sentido de que creo que ningún modelo político actual corresponde a la perspectiva que de las necesidades tiene el mundo. Aún así, soy militante activo del Partido Socialista de Cataluña, porque creo que es lo que más se acerca a mi idea de un sistema social sin dogmatismos, y porque creo que el gobierno socialista ha tenido mas aciertos que errores.

Cuando Antonio Machado, el hasta entonces semicallado poeta sevillano encuentra en Serrat la expresión musical que lo haría popular, en el año 1969, el cantante se internacionaliza y consagra una de las afirmaciones más contundentes de las posibilidades de la música popular: desmiente la escisión entre culturas elitista y popular, demostrando una vez más que el arte no es patrimonio de ciertas clases sociales, sino de todos. Sin embargo, Serrat es rechazado por algunos sectores ante su tenaz posición crítica, como cuando abiertamente se opuso a la confirmación de la pena de muerte para diversos activistas de su país.

-Soy un hombre que no finge, que no odia, no aprendí a hacerlo; en verdad sólo exteriorizo lo que siento cuando canto, y en mi vida no siempre he podido cantar donde he querido sino donde me dejan.

-¿Qué lo indujo a musicalizar al poeta Machado?

-Fue una consecuencia de mi profunda comunión con su poesía, con su imagen de maestro de escuela que nos ha dejado. A través de sus poemas descubrí la magia maravillosa de hacer sencillas las cosas más difíciles y, al mismo tiempo, tomar las cosas más sencillas y darles una dimensión.

“Hace algún tiempo en ese lugar
donde hoy los bosques
se visten de espinos
se oyó la voz de un poeta gritar:
¡caminante no hay camino,
se hace camino al andar
golpe a golpe, verso a verso!”

-Fue un trabajo difícil -nos dice Serrat-, porque musicalizar un poema es como poner música a la música que trae la palabra de Machado; fue difícil más que nada por las inseguridades que yo mismo tenía. Sin embargo, fue un trabajo acertado pues ayudó a descubrir a un poeta que había estado en el ostracismo durantes tantos años, silenciado; es que un cantante popular puede convertirse en vehículo para descubrir a un poeta de la importancia de Machado, así estábamos entonces en España. 

Ahora, he descubierto a la poesía más que en los libros, en la calle; he descubierto que un poema no lo hace un hombre, aquél que llaman poeta, sino que un poema lo hace la gente, lo cotidiano, y luego hay alguien que lo ordena”.

-¿Qué no le gusta a Serrat?

-No me importa la gloria, te lo prometo, si para ir de su brazo se ha de sufrir; ni el más allá, con todo respeto, mientras me dejen seguir aquí; ni enseñar el culo cuando el guión lo exija; ni dar la cara aunque deje cicatriz; ni la muerte, si no corre prisa; ni cambiar para ser más feliz.

Joan Manuel Serrat conoce su negocio. Sin figurar como una superestrella a la manera de Julio Iglesias, sin tener que defender su canto ideológicamente como Silvio Rodríguez o a brazo partido como lo hizo Víctor Jara, Serrat ha cuidado a su manera a un público, ya acostumbrado a recibir un disco suyo cada dos años, y ganándose a los jóvenes que se sientan a escuchar sus letras.

Su música ha evolucionado con su pensamiento; dejó atrás el pelo largo y la barba, su aspecto es el de un hombre joven de cuarenta y tantos, padre de familia, que ha madurado su música con cierta dosis de ironía que no suena mal, muy por el contrario. Nos dice:-Bienaventurados los castos porque tienen la gracia divina y la ocasión de dejar de serlo a la vuelta de la esquina; bienaventurados los que aman porque tienen a su alcance más del cincuenta por ciento de un gran romance; bienaventurados los que tienen claro porqué es de ellos el reino de los ciegos…”Del trovador de Provenza a nuestro trovador actual, distan siglos de una herencia poético-musical enmarcada por cada época y con un sello específico, el que le ha tocado vivir, y a su manera lo ha transmitido convitiéndose en un acontecimiento artístico y cultural; herencia trovadoresca que se manifestó plenamente en el surgimiento de la Nueva Canción Catalana, que incorporó la canción de lucha ideológica al repertorio habitual de la canción urbana, que había nacido en Barcelona, y en cuyo contexto Serrat es el artista por excelencia, con su música tan accesible que le creó una base auténticamente popular. Por eso su canto es sencillo, porque no tiene que decir más que lo que dicen los demás, porque la poesía, al decir de Lorca, “es algo que anda por la calle”.

-Nací en Poble Sec -Pueblo Seco-, barrio popular de Barcelona, situado entre el Paralelo y Mont Juich, y hablo como los chicos de mi barrio. Mi padre, catalán, era obrero; mi madre era una campesina aragonesa, de Belchite. Nací en una clínica de Barcelona; mi madre dice que la pasó muy mal, pues mi cabeza era bastante grande y arrojé un peso de cinco kilos. Crucé por la niñez imitando a mi hermano, descerrajando el viento y apedreando al sol. Mi madre crió canas pespuntando pijamas, mi padre se hizo viejo sin verse en el espejo, y mi hermano se fue de casa por primera vez. Luego de estudiar en Tarragona regresé a Barcelona en 1960, acababa de cumplir 16 años y decidí matricularme en la Escuela de Peritos Agrícolas. Tal como estaba mi familia y mi país, yo era un chico privilegiado al poder estudiar. Siempre lo hice con becas, y haciéndome la idea de que debía aprovecharlas. Fui buen estudiante, saqué curso con buena nota y acabé el Peritaje Agrícola.

-¿Se opuso su familia cuando decidió dejar todo por la música?

-No se opusieron porque vieron que yo había descubierto algo que me interesaba más que nada en la vida, aunque aprobaron mi decisión más por cariño que por convencimiento. Yo había reflexionado mucho, y llegué a la conclusión de que el trabajo y la canción son dos mundos en sí completamente distintos, pero se trata igual de un oficio. Siempre he tenido la convicción de que el único hombre que triunfa en su trabajo es el auténtico profesional, el que pone toda su energía en lo que realiza, sea lo que sea; en tanto que el amateur todo lo que puede llegar a ser, es a perfecto amargado”.

Es característica en la temática que aborda Serrat una franca inclinación al humanismo, y quizás es lo que lo ha preservado como artista y lo proyectará más allá de nosotros, pues si bien está comprometido con el proletariado, del cual salió “orgullosamente humilde”, más bien su música es para todo aquél que hable nuestro idioma. Quizás su excesivo celo al expresarse acerca de algunas ideas o acontecimientos históricos de nuestros países latinoamericanos, le ha acercado a varios públicos, pues la imagen que Serrat se ha creado entre los seguidores de su música en los países latinos, está asociada a los hechos de 1968, Tlaltelolco, Barcelona, el gobierno de Salvador Allende, a los que se leían en Lukács, Brecht, Gramsci, el Che Guevara y los asilados de tanto “ismo”…La música que hace Serrat no es sólo la de su íntima creación, si no también la motivada por la poesía de escritores como Miguel Hernández, a quien pone música e interpreta, observando alrededor suyo cuando canta, emocionándose y sufriendo como propio lo que otro escribió:

“Para la libertad sangro, lucho, pervivo
para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.
Para la libertad, siento más corazones
que arenas en mi pecho;
dan espumas mis venas
y entro en los hospitales, y entro en
los algodones como en las azucenas.
Porque donde unas cuencas vacías amanezcan
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas
crezcan en la carne tallada.
Retoñarán aladas de savia sin otoño,
reliquias de mi cuerpo que pierdo en
cada herida, porque soy como el árbol tallado, que retoña,
aún tengo la vida, aún tengo la vida…”

 Exiliado por el general Franco, Serrat vivió en México en 1975, pero su aventura latinoamericana había comenzado cinco años antes, cuando hizo su primera gira, luego visitará con frecuencia toda América, donde mantiene hasta ahora un público fiel:

 “Para mí no son países que he visitado, no es algo que vi de paso, no, es algo que está en mí; también soy parte de latinoamérica”.

.-¿Qué ha conservado Serrat desde sus inicios?

-Conservo una cierta certeza, la certidumbre de que mucho de todo ésto es eventual, que en cierta medida es efímero. Y este convencimiento me mueve a sentirme permanentemente sorprendido, y agradecido por todo lo que me ha sucedido. Porque el que la gente quisiera escucharme desde un principio, y me animase tanto para continuar, me ha permitido vivir una serie de acontecimientos de todos colores por los que no puedo más que dar las gracias”.

Maravillándose ante un mundo en constante cambio, escribiría sus primeras canciones dotadas no sólo de espíritu poético, sino además inflamadas de crítica, que cada vez más, se irán clocando por encima de intereses y apuntando al sano, auténtico compromiso con el hombre como hombre mismo:

“Cosas que uno anda cantando
y nos pilló la noche conversando
de atardeceres y soledades,
de andar y andar buscando verdades
para encontrar siempre otra pregunta,
ir y venir y no llegar nunca…”

.-Quien es capaz de escribir algo es porque aprende de otros, y yo estoy continuamente aprendiendo de todos aquellos que me emocionan -afirma Serrat-. Todo lo que hay alrededor nuestro es importante, y si a alguno no le parece así, le pediría un minuto de reflexión. Cada una de las cosas que tiene a su alrededor significa o significaron algo, o se espera que lleguen a hacerlo. Por eso uno, muchas veces, abriendo cajones, hurgando buhardillas, encuentra pequeñas cosas que le dan vuelta el corazón, que hacen que el cerebro camine por otro rumbo diferente al que tenía unos segudos atrás. Para mí son muy importantes esas pequeñas cosas, porque sólo a través de ellas he podido hacer una gran cosa, o hemos podido hacer grandes cosas las personas, como enamorarse, por ejemplo. Creo que todos los sentimientos pasan por el amor o el desamor o por ambos al mismo tiempo, aunque generalmente no se expresa el amor en la medida en que somos capaces de sentirlo, y que abarca cualquiera de las cosas que a uno lo rodean, así es de total, está en todo, incluso en ese maniquí que sonríe detrás de un escaparate:

 “De una pedrada me cargué el cristal y corrí, corrí con ella hasta mi portal,
todo su cuerpo me tembló en los brazos,
nos sonreía la luna de marzo.
Bajo la lluvia bailamos un vals,
un dos tres, un dos tres, todo daba igual,
y yo le hablaba de nuestro futuro
y ella lloraba en silencio, os lo juro…”

Anti intelectual, introvertido, Serrat con su música ha hurgado en pequeñas soledades que universaliza: la mujer confinada a un solo hombre, a un inevitable paisaje, a una indestructible rutina (Penélope con su bolso de piel marrón, sentada en la estación); la muchacha sujeta y limitada por temerosos amores paternos; la amistad perdida (Decir amigo, se me figura que decir amigo es decir ternura); la muerte:

“Cuando me vaya
me iré despacio un amanecer
que el sol vendrá a buscarme temprano
me iré desnudo como llegué,
lo que me diste cabe en mi mano.
Mientras tú duermes deshilaré
en tuyo y mío lo que fue nuestro
y a golpes de uña en la pared
dejaré escrito mi último verso…”

-Yo creo que es una cabronada esto de morir, y ser inmortal para nada me molestaría. Ha sido la muerte un tema recurrido en mis canciones, pero como una forma de decir que la vida es maravillosa, y que los sentidos hay que utilizarlos constantemente y lo más a tope que se pueda.

 -¿Cómo se ubica en relación a otros cantantes hispanoamericanos que cultivan un estilo similar al suyo?

-Cada uno de ellos tiene su forma de decir, pero nunca aisladamente, ya que nada es aislado; creo que nadie es algo por sí mismo, sino por la gente que ha tenido al lado, por lo que ha vivido, por los caminos que ha seguido, por los fracasos y las experiencias sufridas, aunque he leído que la experiencia es como un peine que te dan cuando has quedado calvo…pero creo bastante en ella, porque mi vida ha sido según por dónde han ido las circunstancias que me rodean, y ellas me han enseñado cosas, me han civilizado, me han hecho coherente con las cosas que suceden a mi alrededor, y sobretodo me han hecho solidario.

-¿Ha sido muy distinta su vida a cómo usted la imaginó?

-Sí. Mi vida actual es muy diferente a la que yo podría pensar cuando tenía 19 años. En la canción me inicié por puro accidente, cuando empecé a tocar la guitarra, luego empecé a escribir algunas cosas que a nadie le interesaban, así es que comencé a cantarlas yo mismo, como se puede cantar cualquier cosa, y mis amigos comenzaron a animarme para que intentara grabarlas. Uno de los compañeros del grupo “Los Atila” me llevó a Edigsa (su casa grabadora en Cataluña), en donde grabé mi primer disco que incluía cuatro canciones en catalán: “La muerte del abuelo”, “Una guitarra”, “Ella me deja” y “El pañuelo”; el disco apenas se vendió. El segundo disco que grabé fue con dos canciones: “”La tía soltera” y “Ahora que tengo veinte años”, y pegué un garrotazo en forma inesperada; a partir de ahí todo fue una serie de acontecimientos que, en todo caso, han sido mucho mejores de lo que soñaba en mi juventud.

-¿Cómo ve su futuro Serrat?

-No me lo he planteado; normalmente voy haciendo las cosas simplemente, voy creando mi música en la medida en que me voy sintiendo a gusto. Nunca he sido un hombre de grandes metas ni he intentado buscar un objetivo concreto. Sólo deseo andar dinámicamente por la vida, andar dinámicamente y no perder el ritmo que me permita decir que soy un hombre de convicciones, y además fiel a ellas”.

Hoy puede ser un gran día. A beneficio para la investigación



TODOS SOMOS RAROS, TODOS SOMOS ÚNICOS


«Hoy puede ser un gran día» en beneficio a la Investigación por las Enfermedades Raras.
Miguel Ríos, Miguel Poveda, Estrella Morente, Ana Belén, Víctor Manuel, Pasión Vega, Sole Giménez y Sergio Dalma han juntado sus voces para versionar la conocida canción Hoy puede ser un gran día, de Joan Manuel Serrat en beneficio a la Investigación por las Enfermedades Raras.

Todos los beneficios por los derechos de esta versión han sido cedidos por el trovador catalán e irán destinados directamente a la Investigación por las Enfermedades Raras.

Esta versión de la canción se convierte así en un himno que representa el espíritu del movimiento “Todos somos raros, todos somos únicos”.

Una acción más, dentro de su campaña de actos solidarios para apoyar la investigación de este tipo de enfermedades que afectan a más de tres millones de personas en España.

VER EL VIDEO HACIENDO CLIC AQUI


El prólogo genial de un libro agotado: “FÚTBOL SIN TRAMPA”



Cuenta Alberto Fernández-Salido, director de Media Punta, al reproducir este maravilloso texto de Serrat, que “no fue Mario Muchnik -editor de “Fútbol sin trampa”- quien pidió el prólogo a Serrat, sino el flaco Menotti, entrenador que en el vestuario solía hablar a sus jugadores de las letras de Serrat”.

EL PRÓLOGO GENIAL DE UN LIBRO AGOTADO: “FÚTBOL SIN TRAMPA”
Por Joan Manuel Serrat

A primera vista todo anunciaba una maravillosa mañana de domingo primaveral en que la vida se despereza en los árboles, las muchachas aligeran sus ropas y el sol se asoma al mundo con intención de despedir el invierno. Parecía uno de esos días en que sale a cuenta echarse a la calle y, a paso de hombre, enfilar la empinada cuesta que conduce al viejo solar, a la entrañable explanada a la que con los años, la afición y la buena voluntad municipal, le brotaron porterías y algo así como unos vestuarios, a veces con agua caliente y todo. Llevaba conmigo a mi hija María, con la dudosa intención de someterla a una sesión de proselitismo futbolero, de acercarla al amor al balompié y así tener una cosa más que compartir con ella. Nos aparcamos junto al marcador a gozar de la fiesta con cacahuetes y gaseosas, mientras en la cancha un par de docenas de niños impecablemente equipados llevaban un buen rato corriendo, levantando polvareda y tratando de meter el balón en la portería contraria. Como debe ser, me dije.
“No les anticipen el muermo”
Impresionaban las perfectas vestimentas de ambos equipos, la minuciosidad de detalles que rodeaban el pleito.
En el banquillo, sentados junto a los suplentes, algo semejante a un director técnico vociferaba reiteradamente a sus niños–jugadores instrucciones tácticas. A su lado, el masajista y un par de paisanos completaban un cuadro nervioso y gesticulante. Pero lo que más llamó mi atención fue la cantidad de balones que lucían a sus pies. Balones nuevos y maravillosos, a lunares negros.

Un auténtico lujo que contrastaba en mi memoria con aquellos tiempos en que era un acontecimiento disponer de una pelota de cuero que más de una vez había que perseguir cuesta abajo cuando un despeje contundente la enviaba más allá de las acacias. En tales circunstancias es difícil no caer en la tentación de recuperar los recuerdos y tratar de trasladarlos a la María de uno.
Por aquel entonces, María, amor mío, a los porteros nos gustaba usar rodilleras y era muy raro que los pantaloncillos de los once, si es que éramos once, coincidiesen. Por aquel entonces, María, vida mía, todo defensa central que se respetase bajaba a rematar el córner y era una gloria verlo regresar al trote y con el pecho fuera, como lo hacía Fernando Olivella, una vez fallida la aventura.
Cierto es que nos cascábamos todo lo que uno podía y el otro se dejaba. Que alguna vez le echábamos cuento al asunto y que si colaba, sacábamos unas manos fuera del área. Pero los recuerdos me dicen que los niños salíamos al campo a jugar, a divertirnos jugando al fútbol, a las chapas o a “me quieres”, a disfrutar de aquella maravilla irrepetible sin esperar, para nada, al futuro.
Pero aquella mañana, en el solar entrañable, de qué manera se estremecía mi memoria cada vez que el niño -defensa- de cierre gritaba “fuera… fuera…” y el resto del equipo, como posesos aleccionados y obedientes, echaban a correr hacia adelante tratando de sorprender a algún lerdo en offside.
Se me sacudía el alma viendo a aquellos niños pegarse con todo, quejarse por nada…
Aquello no eran dos docenas de niños jugando al fútbol. Era una jauría de perros viejos con aspecto aniñado. Expertos en echar balones fuera. D
Doctores en perder tiempo. Maestrillos en el revolcón. Teatreros, especialistas en todo tipo de mañas. Trujamanes duchos en calentar al personal. Quejicas, malas lenguas, abusones, maltratando al trencilla, ese pobre tipo de pito y negro de cuya vista, conocimientos e intenciones se duda en todo momento y desde cualquier posición. Ese irredento pecador por acción u omisión, según convenga.
Esos niños están muy enfadados”, comentó mi María. Y, despectivamente, se puso a hacer montañas de tierra del tamaño de su mano.
En eso los han convertido. En niños muy enfadados. Enfadados y aburridos. Son los cachorros de esos energúmenos que afónicos, congestionados, los azuzan desde la banda empujándolos al combate, a anticiparse a la ley del Talión como si la supervivencia de la especie y el honor de la familia estuviesen en juego.
Son el pedacito de las entrañas de esas delicadas señoras en traje de chaqueta que ponen en duda a gritos la honorabilidad y las costumbres sexuales del de negro, del vecino o de quien se tercie.
Son los alumnos de esos zancarrones, de esos maestros en ciencias o artes de las que entienden poco, que desde el fondo impecable de sus adidas rebuznan a los niños–jugadores que bajen todos.
Pero esos chicos, zancarrón… sus hijos, señoras y caballeros, están proyectados para jugar. Para jugar por jugar. Para divertirse jugando.
No les anticipen el muermo. No los conviertan en aburridos prematuros, que de eso, con el tiempo, ya se ocupa la empresa.
De esos se encargan los malos dirigentes, con sus cortes de mangantes y con los técnicos acomodaticios y serviles que en el mundo han sido, son y, mucho me temo, serán. Pero hasta que llegue su hora, HAGAN EL FAVOR DE TRATAR MEJOR A ESOS CHICOS.




‘La montonera’ La canción que Serrat prohibió


Aquí la transcripción de un artículo, con una versión diferente sobre la historia de esta canción escrita por Joan Manuel Serrat.

Los misterios de ‘La montonera’, una bellísima canción que el cantante español Joan Manuel Serrat ha preferido olvidar.

Es un buen día cuando aparece un nuevo número de Viernes peronistas. Y también, un día perdido: imposible resistirse a la tentación de sumergirse en sus páginas (aunque técnicamente sea un fanzine, tiene dimensiones de libro). Esta publicación, concebida en Madrid, estudia el peronismo clásico como si fuera un fenómeno pop, con sus héroes, sus villanos, sus mass media, sus epifenómenos, su estética.

Y siempre, siempre hay sorpresas. En el número 3, encuentras un apartado dedicado a la discografía justicialista. Y allí descubro que sí hubo una edición digamos oficial de La montonera, la canción maldita de Joan Manuel Serrat. Edición oficial pero clandestina: en 1978, el Consejo Superior del Movimiento Peronista Montonero, residente en México pero a punto de instalarse en Cuba por urgencias de seguridad, fabricó un flexidisco asombroso, para su escucha en Argentina.

La cara A ofrecía un análisis triunfalista de lo ocurrido tras el golpe militar, seguido de instrucciones para visibilizarse durante el próximo Mundial de Fútbol; en vísperas del aniquilamiento de la resistencia armada, la voz de (se supone) Juan Gelman parece venir de un universo paralelo. Se incluyen direcciones y teléfonos de la organización en el extranjero y, más alucinante aún, se detalla el organigrama de la cúpula del movimiento guerrillero, con todos sus responsables.

El puntazo fue que el flexi también incluía una canción exclusiva de Joan Manuel Serrat, no se sabe si con el permiso expreso de su autor. “La montonera” es la hermosa loa de una militante: “Con esas manos de quererte tanto/ pintabas en las paredes ‘luche y vuelve’/ manchando de esperanzas y de cantos/ las veredas de aquel 69”.

Lo extraordinario, para tratarse de un disco editado por Montoneros, reside en que Serrat manifestaba escepticismo ante la mitificación del Juan Domingo Perón, entonces exiliado en Madrid, con el beneplácito de Franco: “Cayéndose y volviéndose a levantar, la montonera/ que buen vasallo sería/ si buen señor tuviera”.

Volvamos a La montonera. Durante años, se creyó que la protagonista era Marie Anne Erize Tisseau. Nacida en Argentina de padres franceses, alcanzó cierta popularidad como modelo: desfiló, ocupó portadas de revistas, hizo publicidad y conoció la dolce vita de la farándula porteña.

Tras abandonar los estudios de antropología, se convirtió en militante de base en Montoneros, haciendo trabajo social entre los más desfavorecidos (y, supongo, misiones menos visibles).

A principios de los 70, Marie Anne viajó a Europa, donde conoció a Serrat y Moustaki. También tuvo una relación breve con Paco de Lucía. Estuvieron juntos en Nueva York, cuando el guitarrista se presentó en el Carnegie Hall. Según su hermana Marie-Noëlle, sí ayudó a trasladar discretamente un cuadro de un país a otro, aunque esa anécdota no la convierte precisamente en una contrabandista de arte. Eso se cuenta en un libro del periodista francés Philippe Broussard, La desaparecida de San Juan (Planeta).

Efectivamente, Marie Anne fue “chupada” en plena calle y a la luz del día. El militar a cargo de su secuestro, Jorge Olivera, supuestamente alardeó de haberla violado antes de que fuera asesinada. El miserable fue condenado a cadena perpetua pero escapó el pasado julio.

Serrat habla poco al respecto: hace unos años, cuando le pregunté por la canción, cambió de tema. A Broussard le niega que Marie Anne fuera su inspiración; ha dicho que la musa para La montonera fue una tal Alice o Alicia. Lo que resulta intrigante es que Joan Manuel haya impedido la difusión del tema, que nunca ha registrado de forma profesional. Sí se rescata, vestida con galas, en el documental Cazadores de utopías (1995), de David Blaustein. El autor de la música fue el mago Litto Nebbia, que ha aceptado compartir sus recuerdos.

Litto trabajó sobre una casete de Serrat en directo: “además de oírse mal, ‘lloraba’ la afinación de su guitarra. Hice un arreglo de piano, teclados, guitarra, bajo y percusión. De esta manera la canción quedó con el mismo color que el resto del score”. Sin embargo, cuando ya estaba fabricado el CD con la banda sonora, Serrat prohibió la edición de su canción con una promesa que luego no cumplió: no quería “quemar” la canción ya que pretendía grabarla en un futuro disco. La palabra de Serrat era ley: toda la tirada fue destruida.

Urge hacerse una idea de la inmensa popularidad de Joan Manuel en aquel país. Era una estrella pop, desde luego, pero también una referencia ideológica. En los tomos de La voluntad, la inmensa crónica panorámica de la insurgencia argentina entre 1966 y 1978, se reitera el nombre de Serrat. En un momento, antes del golpe, aparece donando “una buena suma” a familiares de presos políticos. Más adelante, en la infernal Escuela de Mecánica de la Armada, se usa su música para tapar los gritos de una torturada, Graciela Daleo.

No logran “quebrarla”: Graciela cierra la historia de Eduardo Anguita y Martín Caparrós con un soberbio gesto de desafío, potencialmente suicida. Como parte de su proceso de “rehabilitación”, sus carceleros la sacan a cenar (Argentina ha ganado el Mundial y hay que celebrarlo). Ella pide permiso para ir al lavabo y allí, con su lápiz de labios, pinta las paredes: “Milicos asesinos. Massera asesino. Viva Perón. Vivan los Montoneros”.


Letra de la canción “La Montonera”

Con esas manos de quererte tanto
pintaba en las paredes ‘Luche y Vuelve’
manchando de esperanzas y de cantos
las veredas de aquel 69…
Con esas manos de enjugar sudores,
con esas manos de parir ternura,
con esas manos,
que volvieron la fe en la nueva primavera,
bordaba la esperanza montonera.
Con esas manos que pintaban
la historia de celeste y blanco,
con esas manos de quererte tanto…
Cómo quiere usted que no ande
de acá pa’ allá
cargando la primavera,
cayéndose y volviéndose a levantar
la montonera.
Qué buen vasallo sería
si buen señor tuviera.
Y cómo quiere usted que no ande
de acá pa’ allá
luchando la primavera,
cayéndose y volviéndose a levantar
la montonera.
Qué buen vasallo sería
si buen señor tuviera.